La economía de las emociones
Todo empieza con una pregunta:
¿Y si el verdadero poder económico no estuviera en los números, sino en las emociones que los provocan?
La filosofada
Estuve en Adweek LATAM dando mi conferencia We Speak Woman. Entre presentaciones sobre performance marketing, IA y funnels de conversión, elegí hablar de algo que no suele aparecer en las hojas de Excel: Las emociones.
Planteé una idea que suena contradictoria a mi línea de pensamiento: una forma económica de ver a la mujer, pero lo hago sin dejar de lado la filosofía del valor consciente.
Porque aunque mi parte idealista quisiera romper el sistema y reemplazarlo por una nueva manera de hacer negocios que no solo integre a la mujer, si no que en sus formas nos beneficie a todos; mi lado racional sabe que, si queremos hacer cambios sistémicos, hay que hablar en el idioma del negocio.
Y en los negocios, los argumentos que mueven presupuesto no siempre son los mismos que mueven consciencia.
Pero ¿qué pasaría si descubriéramos que ambos lenguajes pueden hablar de lo mismo?
Que las emociones no son el lado blando del negocio, sino su motor estructural.
Ahí entra la matriz que presenté en mi conferencia: la Economía Emocional de la Mujer.
Durante años, la teoría económica se ha basado en variables duras —PIB, consumo, inversión, productividad—, pero dejó fuera los detonantes invisibles de toda decisión: la seguridad, el control, el reconocimiento, la comunidad, el progreso y lo que hay detrás de ello; Las emociones.
Cinco emociones que bien entendidas, explican por qué compramos, elegimos, confiamos o nos quedamos.
Las emociones no son opuestas a los números. Las emociones producen los números.
Toca explorar
Insight clave: La gente no quiere optimizar su agenda, quiere rediseñar su narrativa.