Cumplir 100 años 

El sábado pasado cumplió 100 años mi abuela. Ella ha sido alguien cercana a mi corazón y de gran influencia en la construcción de mis intereses de coser, cocinar, reunir en casa. Siempre fue sana, una mujer de rutinas y disciplina. Exprimía diariamente 4 limones que tomaba desde un popote para cuidar el esmalte de los dientes, ponía su alarma para recordarse tomar agua con frecuencia, hacía crucigramas para mantener activa la mente y caminaba a sus destinos. Nunca comió entre comidas y siempre fue de buen diente. 

A sus 100 años, no llega con la misma presencia que antes, su mente le juega trucos; Un par de cirugías de ruptura de cadera a sus 95 años no le sentaron bien. Yo creo que lo meticuloso que se cuidó y lo terca que la distingue, la mantienen aquí. Recuerdo con detalle su risa, cuando cantaba, cómo paseaba de lado a lado con su radio, la hora de preparar la comida y sacar sus miles de recetarios, su tarde en el costurero, lo deliciosas de sus galletas y el momento de regar sus plantas. Siempre elegante, bien hecha, de carácter pero de risa fácil. Claramente no me enteraba de todo lo que sucedía en esa casa, pero desde mi ojos había armonía, habían amigos, familia y el invitado especial siempre era la comida. 

Una mujer que nació en 1924, mientras se inventaba la tele y que hoy convive en el mismo mundo de la inteligencia artificial. Una mujer que pasó por guerras, migró de país, comenzó desde abajo y sin nada, y que recursiva se hizo de cosas. Me parece curioso cuando dicen: “Perdona a tus ancestros”... Ancestros que sobrevivieron mil retos más de los que tú tienes hoy, “Aprende de tus ancestros” queda más en mi caso.

Ver a mi abuela me hace reflexionar sobre la vida y ¿Cómo quiero contarla?... Y me imagino ¿Cómo la contarán los testigos? 

¿Quién como yo ahora lo hago con mi abuela, en mi lugar contará fragmentos de mi existencia?

No sé si quiero vivir 100 años, no sé si quiero vivir cuando no me pueda valer por mí misma. Lo que sí quiero es contar mi historia lo mejor posible, desde un lugar gozador y con pocos achaques.

Ver a mi abuela me hace tomar decisiones desde hoy que impactarán en mis próximos años. Hace que cuestione retrasar placeres que a corto plazo me darán satisfacción pero a largo me restarán vida o calidad en ella. Me hace pensar que debo dejar de posponer sueños porque más adelante nadie garantiza que haya el tiempo. Me hace validar mi camino de minimizar el estrés y tener más ratos libres. 

Mi abuela siempre fue mi ejemplo, una mujer con la que comparto nombre y muchas otras cosas que a través de su ADN, ejemplo o células me transmitió.

Hoy cuento un pedacito de ella y me quedo con la reflexión de construir con conciencia lo que será mi propia historia.

 
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