Lo rígido se quiebra, lo flexible se adapta

Estoy atravesando un momento de reinvención y evolución en mi empresa. Ejecutando cambios que en retrospectiva sé que debí haber hecho tiempo atrás, pero por conservar el status quo, por permitirme seguir intentando o evadir la inminente señal incómoda de cambio pospuse. 

Hay una emoción agridulce ante cualquier cambio, por un lado la nostalgia de lo que fue y por otro la emoción de lo que será. No es la primera vez que me enfrento a recalcular rumbos, de eso se trata emprender y siempre atravesar las transformaciones te llevan a un mejor lugar, pero 

¿Qué tanto es tantito?

Como cabeza de mi empresa oscilo entre navegar flexible y guiar con certeza. Adaptarme a contextos pero permanecer con constancia hasta lograr mis objetivos, recalcular pero insistir con resiliencia. 

Tengo en mi mente la analogía de las “resistentes” palmeras. Cualquiera creería que aquellas plantas delgadas y altas serían las primeras en caer ante un ventarrón y que en cambio un tule o roble aguantarían cualquier adversidad, pero irónicamente son esas palmeras que se mueven con el viento las que atraviesan y perduran las tormentas más grandes.

La vida no es lineal, la vida es dual. Conservar claridad y certeza así como explorar e inclusive fomentar momentos de caos es el desayuno de cada día de cualquier líder de empresa, pero la clave está en elegir cuándo y hasta qué momento. 

La clave está en la dosis. Ser flexible pero entender los límites, ser certero pero abrir a momentos de duda. Dudar pero no convertirlo en crónico. Vivir con pensamiento lineal para momentos que requieren decisiones prácticas, abrir el pensamiento lateral para situaciones que requieren creatividad. 

Así que quizás ésto no lo encuentre en ningún libro, pero mi conclusión empresarial de hoy culmina en un:

“ni muy muy, ni tan tan”

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