La ironía de las ideas

Me considero alguien que se lleva bien con las ideas, me gusta explorarlas, conectar con ellas, darles entrada a mi mente y a mi corazón para explotar juntas con emociones de querer hacerlas realidad. Elizabeth Gilbert en su libro Big Magic habla de que las ideas están ahí, como flotando, buscando a quien tiene receptores disponibles para hacerlas realidad. Me gusta creer que eso sucede y que somos vehículos co-creadores.

Pero ¿Cuál es su origen? ¿De dónde surgen? ¿Quién las empuja a la atmósfera para encontrar mentes cómplices? ¿Cómo un concepto de pronto te hace sentido?  Y te mueve, y emociona, y te hace actuar, buscar recursos, te despierta por las noches, te inspira e inquieta?  

Me parece un trip súper loco, re mágico, re ficticio y por eso me encanta abrir mi Wifi para llamarlas y prestarme a la aventura que representan, a caer en la seducción que involucran, el potencial que te muestran y la infinita posibilidad en ellas mismas. 

Suelo escuchar el consejo: “No te cases con una idea”.. Pero debo aceptar que yo tengo pasionales aventuras amorosas con ellas; Las cuento con deleite, las defiendo con fuerza, consigo aliados para protegerlas y manos extras para cuidarlas.

Puedo decir que vivo de mis ideas; Les debo mi entusiasmo, la adrenalina del camino y el aprendizaje del desapego al tener que soltarlas para que otras manos las sigan manteniendo reales. Es duro verlas partir, mirar que alguien más las abrace y las haga también suyas. Debo aceptar que soy celosa de ellas, me encariño y a veces me da en el ego no verlas crecer siempre bajo mi ala. Pero es la única forma de que crezcan; 

Dejarlas en libertad, aceptando que nunca fueron del todo mías.

El 2022 fue un año en el que viví un proceso creativo poderoso; Le di vida al Victoria Fest. Me invertí profundamente en el concepto, en la experiencia, en el contenido, en cómo se tendría que ver, oler, sentir, lo que tendría que provocar y hacia dónde tendría que evolucionar. Me obsesioné con cada detalle; Y llegado el día del gran evento… No pude asistir. 

Me perdería de vivir mi creación; Mi proceso de visa en Estados Unidos (lugar en el que ahora vivo) me impedía ir a México. No podría presenciar lo que meses, meses enteros de trabajo, sueños y mil sensaciones habían logrado en ese evento, ese “mi evento”... 

La vida es irónica y sabia; Con esto aprendí que no soy mis ideas, ni las ideas son mías; pero vivimos un rítmico baile en el que acordamos ambas darnos vida mutuamente. 

El año pasado aprendí y solté, no tenía muchas alternativas y opté por tomarlo con filosofía, plané que ese día, el del Victoria Fest me consentiría desde mi lugar y me llevaría a vivir la materialización de aquel sueño de manera distinta a la que había imaginado… A la distancia. Lo vi pasar a través de pantallas. Sabía exactamente lo que sucedería minuto a minuto, a qué olería, sonaría. No paré de sonreír y llorar, sabiendo que ahí pasaba algo que hacía meses había sido solo un susurro en mi oído;

 La magia había sucedido.

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